martes, julio 16, 2013

Titanes del Blockbuster

Un producto, según algunos diccionarios, es un bien o un servicio diseñado para satisfacer las necesidades, reales o inventadas, de un mercado. Usualmente son cosas que simios estamos dispuestos a intercambiar por dinero para sentir que estamos un poquito más completos. Porque ir a las movies es una experiencia que se vende, pagamos por sentarnos en esa sala fresca y penumbrosa, me es difícil por momentos hacer del cine más que eso. Ya hay debates más interesantes en el mundo sobre arte y comercio. Hay audiencias y cinéfilos que la hacen de Jaegers y Kaijus para defender su postura sobre el cinema. La naturaleza de cada espécimen hace complejo decidir cuál es el bueno.

Las experiencias no tienen precio, se puede argumentar. Podrás pagar un ticket, un DVD o una suscripción a Netflix, pero la simbiosis temporal de la fantasía-cerebro, a un nivel romántico o emocional, no tiene precio. Los sentimientos que nos forjan. Cuando se vuelven referencias culturales o citamos diálogos y ejemplos. Cuando pasa el tiempo y la historia les da su lugar en una capsula de viaje permanente, herencia para próximas generaciones.

Sería ingenuo, por no decir idiota, de mi parte limitar a las movies como un producto cualquiera. Son un servicio con trascendencia inimaginable. Pero, también sería idiota, no aceptar que en algún momento debe darse un intercambio de dinero (hasta los piratas, debemos pagar mínimo al proveedor de internet) por la experiencia cinematográfica.

Hollywood, el sufridor de todas las quejas y ganador de todos aplausos, entiende eso. O no Hollywood, eso es solo un pedacito de tierra, pero sí sus marketeros y mercadólogos. En mi micro-reseña de Battleship hacía alusión a la razón de por qué compramos los productos de las marcas que compramos. Una Coca-Cola siempre es la misma, no importa la ciudad, el idioma y dentro de ciertas épocas, me atrevería a decir el año. Unos tenis Nike o Adidas. Son productos en serie diseñados para satisfacer al fan. Estas pagando por una lata de aluminio y liquido negro, pero es la experiencia Coca-Cola, la que te mantiene apegado (otros dicen que son los trazos de drogas, pero hey ¿quién sabe?).



Hollywood es la marca definitiva para batir productos hacia nuestras salas. Lo extraño, a diferencia de los demás, es que ellos nos hacen pagar por la anticipación, no el resultado. Vamos a la movie de Superman o Star Trek por la anticipación de ver a nuestros personajes favoritos en una aventura nueva, no por el contenido que hasta donde sabemos, es una moneda lanzada al aire. ¿Por qué la mayoría de los blockbusters modernos son obras adaptadas de propiedades populares y con base de fans pre-establecida? Porque menos espacio para fallar, significa más dinero en el bolsillo de alguien. El cine original, el cinema de arte, los independientes. Ellos venden resultado final, pero no anticipación. No se compara el sector de gente que espera con ganas La Danza de la Realidad sobre la gente que espera The Hunger Games 2: Catching Fire. Hollywood y sus blockbusters son una hélice de dinero que nos sacude como tornado eterno. Crece. Se auto-produce y se auto-promueve. Se auto-vende y se auto-sigue-produciendo. Una espiral de consumo.

Debo empezar aclarando que amé Pacific Rim por lo tanto mi opinión esta manchada de fanatismo. Hay dos particulares situaciones que me molestan respecto a la respuesta que los Titanes del Pácifico están recibiendo entre las audiencias. Una de ellas tiene que ver con la originalidad.

No solo en el caso de Pacific Rim, cuando la falta de originalidad se usa como argumento para demeritar a una película, considero es uno de los más idiotas que existen. De entrada, habría que armar todo un debate sobre qué es original y que no en el siglo XXI y no hay tiempo ni tengo la capacidad para eso, pero es terreno seguro decir que difícilmente, tanto tus películas favoritas, así como las mías, nacieron de conceptos completamente originales. Entonces todo se reduce a los recursos creativos del guionista en cuestión y claro, el director. Cuesta dinero hacer una película, así sea micro-budget o millones de billones. Mas alta sea la inversión, más riesgo corre el inversionista. Es obvio de muchas maneras que apostarle dinero a algo “original” es una vía segura para tirarlo a la basura.



En el Hollywood de hoy, hacen falta pelotas para NO hacer un blockbuster adaptado de una novela, un comic, un TV-show o perpetuar una franquicia. Pacific Rim es una deliciosa malteada dentro de una licuadora de ideas. Sigue siendo una propuesta que no se parece a nada hecho antes y al mismo tiempo se parece a un montón de cosas familiares. Robots contra monstruos. El bien contra el mal. El sheriff contra el bandido.

Es la experiencia Coca-Cola toda de nuevo. Si quieres mi dinero debes hacerme sentir seguro, familiar y, sobre todo, que me harás pasar un momento calidad.

Y es por eso mismo que en EUA la secuela de Despicable Me y Grown Ups aplastaron en taquilla al film de Guillermo del Toro. Los verdaderos Titanes del Blockbuster. La familiaridad se antepone a esa extraña película cuyo título suena más a documental del Discovery Channel.

Las medidas del comercio y las medidas del arte se evalúan con distintas reglas. ¿Quién recuerda ese tesoro perdido del 2012 llamado Dredd? (basado en un comic, para variar) A Pacific Rim le aguarda la misma suerte. Joyas que vivirán en el culto por que nadie encontró espacio para ellas en ningún otro lado.



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