viernes, febrero 15, 2013

Zero Lincoln Unchained

Django Unchained hizo algo bien al enfocar sus energías en una pseudo-historia de amor, o la aventura de un héroe, en lugar de utilizar como eje central el racismo. ¿Que estás diciendo, idiota? ¿Te golpeaste en la cabeza? Seguramente se están preguntando. Claramente para muchos Django es sobre el racismo y todas sus implicaciones éticas y morales. O eso dicen. Sin ganas de sonar frío o insensible me cuesta trabajo entender la película de Tarantino como alguna especie de declaración sobre algo que me resulta muy lejano. Supongo he lidiado con el racismo en alguna expresión o forma pero la discriminación cultural mexicana probablemente no está orientada hacia el tono de piel- aquí todos somos prietos- sino quizá más hacia sectores sociales o indígenas. Si Django fuera la historia de un huichol acosado por conquistadores españoles que invaden el pueblo para matar a sus niños y violar a sus mujeres, se roban a su esposa, y este individuo debe cabalgar con machete empuñado en un sendero de muerte y venganza, quizá hubiera tocado fibras más sensibles a lo que conozco. Entiendo la controversia pero no puedo relacionarme.

La semana pasada finalmente vi Zero Dark Thirty, película que viene con el spoiler alert más grande de la historia. Todos sabemos que se trata sobre la caza del segundo barbón más perseguido en el mundo (asumiendo que Santa Claus es el primero) Osama Bin Laden, y, a menos que la película nos sorprendiera con un final a la Inglourious Basterds, básicamente todos sabemos como va a terminar el asunto. En muchas reseñas y textos con opiniones positivas sobre el film se resaltaba la capacidad que tenía el mismo de generar tensión en el espectador a pesar de conocer de antemano la conclusión. Es casi como ir en contra de una de las premisas básicas de aquel cine que pretende entretenernos: el suspenso. Entonces terminé sentado ahí, viendo una película que nunca logró atraparme. No diría que es una mala película, incluso pretendo verla de nuevo ahora que finalmente ha llegado a estrenarse en cines de la ciudad, pero hay un par de pequeños detalles que me siguen haciendo ruido.


Tu no, Jessie, tu estás cool ♥.

El primero es la proximidad del evento real con su representación en pantalla. Sabemos que Zero Dark Thirty no es la primer película en ficcionalizar un acontecimiento histórico, tan solo hace falta ver hacia finales del año pasado, a la premiada Argo de mister actor convertido en director Ben Affleck, para un ejemplo perfecto. La cosa ahí es que esos eventos sucedieron hace 33 años y si uno no ha leído el artículo de Wikipedia apropiado, la movie realmente puede agarrarte por sorpresa. El segundo detalle, y aquel que tiene más relación con las intenciones de este texto, es que, por ejemplo, una cuarta parte de ZDT se enfoca en la violencia y tortura de prisioneros que directa o indirectamente poseen información del paradero de Bin Laden. Personalmente no tengo problemas con ese tipo de violencia gratuita pero mientras se desarrollaban estas secuencias, sumado a la conclusión de la película con el asalto a la residencia de Osama, mi cerebro se nubló con un solo pensamiento: Esto es pornografía. Y no el tipo de pornografía al que yo puedo masturbarme.

Si ajustamos ligeramente el kaleidoscopio para ver a Zero Dark Thirty de otro color, resulta ser una dramatización épica de Kill Bill donde la novia, ahora personificada por la princesa Jessica Chastain, emprende esta misión de venganza, 10 años larga, para asesinar a Osama Bin Laden. Al igual que el racismo, yo no me desarrollé en un ambiente donde esas problemáticas estaban presentes. Fuera de los Estados Unidos, Bin Laden es solo una figura que se coló a la cultura pop como un villano, pero para la audiencia promedio norteamericana me atrevo a decir que fue un alivio, tanto en la vida real, como en la ficción, finalmente obtener esa culminación de venganza. ¡Ahuevo, ya mataron al hijo de puta! Por eso es pornografía. Es la eyaculación emocional.



Para cerrar el círculo les quiero platicar por qué Lincoln me pareció una de las películas más aburridas que vi este año, e incluso contando el pasado. Ya lo dije en voz alta en nuestro podcast pero vamos a repetirlo por aquí: Yo voy al cine a entretenerme y hay varias maneras en que las películas pueden lograrlo. Ya sean de terror, acción o romance, cada una tiene ciertos recursos necesarios para dejarme satisfecho. (Claro, hablo a un nivel personal porque la experiencia del cine nunca puede ser objetiva). Lincoln para mi siempre ha sido el sujeto de los pennies. Para los Tijuanenses "el bato ese de la estatua". Incluso para aquellos que tuvimos materias de inglés en la primaria lo recordamos de un libro o dos, pero Lincoln nunca será nuestro Benito Juárez. No me gusta limitar las experiencias de un film a una nación, de hecho rara vez lo hago, pero creo que el hilo que amarra a las tres movies mencionadas en este texto, para aliviar los síntomas 100% deseados, es necesario tener antecedentes que, lo quiera o no, si están limitados a una visión particular de la vida. Y que lamentablemente o no, es una visión separada por fronteras.

Ustedes sean los jueces.

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