jueves, enero 03, 2013

Life of Atlas Cloud of Pi



He visto dos movies muy diferentes pero iguales entre sí. Primero la sorpresa que me llevé cuando esperaba que me gustara más Cloud Atlas sobre Life of Pi y resultó al revés. Ambas apelan a un método de narración que le hace justicia al termino “storytelling”. Lo mismo podría agregar ligeramente del Hobbit (a esa ya la alabe en otro post). Más allá de que coincidentemente estos tres flicks hayan salido en el mismo mes con unas semanas de distancia, y que las tres son adaptaciones de novelas, son los ejemplos más claros que puedo resaltar este año de narrativas libres, sin presión.

¿A que me refiero con esto?

Una película, regularmente, se apresura a sí misma para llegar al punto. Ese resulta ser muchas veces el arte del cine comercial. ¿Cuál es la idea global que tratas de vendernos y cómo vamos a llegar a ella? The Avengers, una de las mejores movies que salieron en el año en más o menos un consenso general (o que mínimo definió al 2012), era sobre el ensamble de los héroes. Joss Whedon contó una historia interesante, pero al final el punto de venta estaba en el Avengers Assemble. Todo lo que vimos antes como que se cancela una vez que el equipo está completo. Ya en el tema de Whedon, vamos a poner de ejemplo The Cabin in the Woods, una película que para mí fue la mejor del año y no la considero un éxito comercial sino más bien un hit de nicho o de culto. Cabin no es un ejemplo de “buen storytelling” sino se vale de otras herramientas para maravillarnos. La película en sí misma es una antítesis al cine de horror, y por ende su éxito radica en ser completamente contra-narrativa.

Otro punto importante y que al final considero el más obvio es la duración. Por ejemplo Cabin in the Woods apenas supera la marca de la hora y media cuando Cloud Atlas y el Hobbit duran 3 horas y Life of Pi les viene corta con 2 horas y feria. En más tiempo hay más oportunidades de dejar respirar a la historia. Pero, lo más interesante es que Pi y Atlas no son tanto sobre el objetivo final (The Hobbit un poco sí, pero esa ya no la vamos a comentar hoy) sino sobre las cosas que se desarrollan en el aquí y ahora. Life of Pi es sobre el presente, y extrañamente Cloud Atlas también. Ambas películas transcurren en un span de tiempo increíble. La primera es durante el lifetime de un solo individuo y la segunda durante la vida de casi toda una tierra. ¿Cómo podrían ser sobre el presente? Porque aunque hay un narrador (más evidente en Pi, varios en Atlas) situado en el “futuro”, el empuje de la historia radica solamente en lo que estamos develando momento a momento. Es obvio que hay un objetivo final, sigue siendo una movie y las movies, cuando son buenas, son paseos hacia conclusiones, pero yo creo que el sabor de estas dos obras está en el sendero.

Ambas son aventuras sobre personajes que no entienden del todo su destino y las cosas que deben hacer o no para empujar adelante. En The Avengers queremos que los héroes destruyan a Loki y sus aliens. Que Batman se imponga ante Bane. Que Katniss Everdeen sobreviva los juegos del hambre. Pero no en Life of Atlas y Cloud of Pi. Los carácteres deben descubrir within el poder para encontrarse, al mismo tiempo que, si, empujan una historia global pero el resultado “físico” no es más importante que los descubrimientos “emocionales” que hacen cada uno de los monos.

Pi es sobre religión y Atlas sobre amor/destino, dos valores (o maldiciones dirán otros) que dependen fuertemente de la fé. Ya sé que la palabra “fé” en las mentes brillantes tiene connotaciones schlocky pero mi punto sobre ella es solamente como herramienta o dispositivo cinematográfico. No sé qué tan capaces sean ustedes de hacer la desconexión al momento de ver películas. Puedo poner de ejemplo las Paranormal Activity o incluso Red Lights donde, a pesar de mi escepticismo a lo sobrenatural, durante el tiempo de corrida de los films, debo creer o aceptar que los fantasmas existen. Debo hacer una desconexión de mi mismo y engancharme con la pantalla. Pi y Atlas nos exigen que formemos parte de esa suspensión.

Otro spot en la magia de estos flicks son los visuales. Lamentablemente Cloud Atlas no fue proyectada en 3D (incluso sospecho de mi subconsciente si por esa razón preferí Life of Pi) pero las dos son compilaciones de imaginería que hemos visto antes presentadas con un nuevo espectro. La historia del naufrago y su amigo la conocemos desde un Tom Hanks circa 2000, que curiosamente también vemos en Atlas interpretar a personajes que ya hemos visto en otros films desde The Time Machine hasta Total Recall. El tan odiado por unos y esencial para Michael Bay uso de CGI se siente integral a las historias. En el caso de Pi la tercera dimensión intensifica la experiencia. Ang Lee creó un set de visuales digitales que embellecen una aventura que de entrada ya tiene tintes de fábula. Los hermanos Wachowski y Tom Tykwer usan la tecnología para situarnos en un cuento que trasciende tiempos y espacios. Pondría ligeramente por encima a Life of Pi gracias a lo logrado con su tigre Richard Parker.

Constantemente trato de descubrir por qué amo tanto a las películas. Por qué algunos simios se fijan con los deportes o la música y yo prefiero irme al cine. ¿Fue algún punto crítico en mi educación? ¿Algún switch se activó cuando era un niño? Amo a las películas tanto que hasta quienes me conocen se burlan de mí diciéndome que todo me gusta, lo cual por cierto probará que no es verdad cuando saque mi lista de lo peor del 2012, pero el punto es que si hay una razón en ello. Cuando me siento y las cosas empiezan a suceder ante mis ojos, algo comienza a hacer chispas en mi cerebro. Se activa algún mecanismo. Se desempolva el engranaje. Life of Pi y Cloud Atlas son bellos paseos a la expectación. Aventuras que uno nunca conocerá en mil vidas, ahí mero, enfrente. El trabajo de gente, en la realidad y la ficción, queriendo hacer vínculos con nosotros, su audiencia. Dinero, energía. ¿Lo logran, no lo logran?

Las palabras no bastan, y no es necesario, el cine se disfruta en silencio.

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