domingo, noviembre 13, 2011

Valeria y su semana maravillosa



Texto publicado originalmente para la columna CINE PARA TODOS en la revista Diez4

Cuando pensamos en el surrealismo en el cine nuestra mente por lo regular o se pone en blanco o se llena de imágenes desastrosas. Desde una navaja rebanando un ojo; un costal de arroz; un vaquero zen enseñándole a su hijo a enterrar la foto de su madre y su primer juguete; un delfín que salta no hacia el mar sino hacia una bahía de estrellas; un grupo de burgueses en una cena elegante sentados no en sillas sino en inodoros; motociclistas anunciando el fin de fiesta; un director de cine fantaseando con la vida en el circo; doctores tocando bongós preparándose para un viaje de LSD; Valeria y su semana de maravillas.

La velocidad del tiempo si el tiempo fuera más lento y todas las cosas que tienen oportunidad de pegarte en la cara. No nomás Dalí y toda esa info que vimos en el History Channel. La violencia en un montaje destinado a bajarte sin permiso de la realidad llevándote al sur profundo, al rincón donde se fecundan los pensamientos. Las ánimas de vidas pasadas que no fueron nuestras. Legados que pesan más que todos nuestros padres juntos, conspirando, cantando la misma canción. Un cinema que significa plantear las cosas como van. Al chile, sí, pero al chile de nuestra mente. No nomás beyondearte con una premisa absurda sino una contestación a lo absurda que resulta la vida misma. El shock de la proyección no por la innaturalidad (ya que todo lo filmable es en teoría real desde que se monta para filmarse) pero por la yuxtaposición de las imágenes. Film editing. Amor y muerte puros como se sienten, no como hemos aprendido a verlos.

Desde mis tiempos (y todavía unos necios modernos) cuando las cámaras empezaban a volverse amistosas para la billetera, en un screening o dos, antes de que se inventara youtube y todos dejaran de creer en las proyecciones caseras, los videoastas (bien servido me daría si al menos alguno hubiese leído el manifiesto de Bretón) nos atacaban con historias cortas que según ellos eran “surreales” cuando yo sólo veía una excusa para no tener los huevos de contar algo macizo. Y testigos de Jehová saben que para historias macizas no soy un humano difícil de complacer. Tuve la oportunidad de trabajar con un compañero que desafortunadamente ya ha pasado a mejor vida, o sea, de lleno a su eterno amor por la música. Julio Pillado era el único cineasta que su piratees hacía cremar tus pantalones. Era todo sobre la espontaneidad de sorprender a la cámara y al director, para sorprender también a la audiencia. Sus movies posiblemente son un so what? viéndolas por internet, pero jamás fueron construidas para ese público. En una casa llena, el humor y el desconcierto se respiraban en el viento. Recordar me pone la piel chinita. Más allá de ponerme nostálgico, indeed los tiempos no han cambiado pero sí la tecno y mi dosis de surreal vienen en su mayoría de conocer mi meme.

Si vivimos en la era electrónica qué mejor momento para poner de moda el elemento del shock. Cuando Jodorowsky dijo “zoom back camera” fueron sus testículos los que nos sobaron la nariz. El significado de la vida fue revelado pero nadie prestó atención. Verás, lo que observas y lo que sientes se vuelve meaningless. Son esas secuencias sin sentido aparente las que acechan en la parte de atrás del cerebro y quieren salir. Ábreles la puerta, sólo así sabrás a qué se parecen.

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