miércoles, agosto 25, 2010

La Galaxia Andaluz


Parte I

Me quitaron la venda de los ojos. El olor a mi alrededor era apestoso. No sé si por las personas que me rodeaban o era este frio lugar donde nos tenían. La puerta se empezó a abrir. Un sonido electrónico inolvidable. La luz se apuro a infiltrarse y las siluetas fueron aclarando sus formas. Ellos tenían enormes trajes negros. Cascos de cristal opaco. No podía ver sus rostros pero los imaginaba tan horribles como la lengua que hablaban. Nos hicieron ponernos de pie y caminar por el estrecho pasillo, de rojas luces decorado, hasta una segunda puerta de metal. El olor se hizo más intenso por aquí. El suelo eran puras rejillas oxidadas y sucias de sangre seca. Un ligero rio rojo corría por debajo. El apeste inconcebible. Me recordó a mis primeros días en el trabajo. Como treinta personas encadenadas una a otra. Xiu Yee estaba entre nosotros. Podía verla. Quería tocarla pero era imposible. Nos forzaban a caminar a punta de rifle. Eran rifles tan extraños que no me sorprendería si dispararan lasers. El que parecía el líder de los monstros tenía una capa. Era el único con una de ellas. Al llegar a la segunda puerta nos hicieron detenernos. Esta se abrió. La imagen era para no dejarse. Una enorme capsula de colores en el centro de la cámara. Parecía una nave espacial. Era una nave espacial. Empezó a sonar haciendo vibrar las paredes. Hizo aparecer una abertura en el centro. Nos obligaron caminar de nuevo, ahora hacia el mágico transporte. El lugar parecía un antro diseñado por alguien del futuro viviendo en los setentas. Colores tan hermosos contrastaban con el hedor a muerto que nos destrozaba. Podría percibir las miradas de ellos a través de esos cascos espaciales. Escuchaba dientes crujir, o algo por el estilo. Uno por uno fuimos entrando a la nave. Adentro nos quitaron las cadenas. Lo primero fue correr hacia Xiu Yee. La abrace. Le dije que todo estaría bien, aunque no. Unas pequeñas ventanillas se hicieron ver. El cielo azul. Las nubes. Todo se torno más oscuro. La tierra cada vez más pequeña. Era como en las películas. El planeta, la luna, todo desapareció. Estábamos deambulando por el espacio. Después de minutos, nos acercamos a otra tierra. Algún planeta quizás. El suelo brillaba purpura. El sol no golpeaba. Una extraña fortaleza decorada con cristales nos recibía. Aterrizábamos. Las ventanillas se cerraban. Un insoportable ruido nos hizo cubrir los oídos. Un gas empezó a intoxicar la habitación. Todos tapábamos nuestras narices pero era inevitable. Aprete a Xiu Yee hacia mi pecho antes de que ella quedara adormecida entre mis brazos. Todos desmayaban poco a poco. Mi turno llego. Podía seguir escuchando el ruido. Ring ring. Ring ring.

- ¿Bueno?
- Hola… ¿Estabas dormido?
- Si.
- Pensé que no dormías.
- Pues no lo hago, pero estoy de vacaciones.
- Bueno, eso está por cambiar. Te necesito en la oficina. Ya.
- (Suspiro infinito) Ya voy.

Mis bóxers se suben primero. Luego mis vaqueros. Tomo la primera camiseta del cajón. Es una rosa que compre hace años en el concierto de Public Image. Con la píldora negra por delante. El espejo me dice que me veo mal. Hago una pequeña piscina en el lavamanos para mi cara. Me sumerjo. Me seco sacudiendo la cabeza como los perros. Paso un peine por el rubio cabello. Mi gabardina café. Mis converse rojos. Lentes oscuros a las 2 de la mañana. Algo de dinero. Mi pistola. La calle.

Debo caminar un par de cuadras antes de llegar donde los taxis. La jungla esta sola. Uno que otro vagabundo que no se me acerca. La mayoría en la colonia sabe que soy policía. Y peor tantito, de los incorruptibles. Cargo un arma bajo el saco y otra en la pantorrilla. A veces un cuchillo que no encontré hoy. Solo una vez he aceptado un soborno y ni si quiera fue por dinero. Esa morena estaba super caliente. Cuando fui a cobrarle la multa me recibió en traje de baño. Me dijo: “No tengo dinero. Tal vez pueda pagarte de otra manera.” Mis ojos la escanearon del pecho a los pies. Se mordió los labios. Me jalo al interior de su departamento. Se volteo para alcanzar el regulador de la luz. Se me antojaron esas jugosas nalgas. Se atenuaron las luces. Apenas podía verla. Se acerco. Me resistí en el principio por la semilla moral que la sociedad moderna me había implantado, pero cuando sus senos tocaron mi placa y exclamó: “¡Hay, esta fría!” no tarde en arrancarle el top. Su primer gemido fue inolvidable. Le bese esas tetas. Ella me mordía el cuello. Me desvistió. Le quite la tanga. Cogimos ahí en el sofá. Le valió que me viniera adentro de ella. A mí me valió hacerlo sin protección. Lo habría hecho de saber que esa interacción me iba a traer consecuencias. No de las que se imaginan. Les contare en la próxima ocasión.

El primer taxi libre que pasa por mi lado duda en levantarme. El segundo también. Me quito los lentes. Saco las manos de mis bolsillos y un tercer taxi se me acerca. “¿A dónde lo llevo?” Al edificio de la policía. El camino se vuelve insoportable con la música ranchera a todo lo que da. Las calles vacías. El clima fresco. Por la ventana corren pequeñas gotas de condensación. Llegamos a la estación. Le pido al taxista que espere un poco. Al entrar le encargo a Karina de recepción que pague mi tarifa. De mala gana me dice lo mismo que todos, que me compre un carro. “Los carros valen verga” le digo. Prefiero el transporte público. Me dirijo a la oficina del jefe Archundia.

- Te tardaste.
- No quisieron llevarme los taxis.
- Si te vistieras normal…
- Si la gente no fuera tan prejuiciosa…
- Bueno ya.
- ¿Cuál era la urgencia?
- Deja apago las luces.

El jefe enciende la pantalla gigante que decora su oficina. La imagen de un lelo criminal con gafas abarca todo el cuadro.

- El prisionero 342366, fue dado de alta hace un par de horas. Su nombre es Melchor Sarabia. Su madre era argentina y su padre mexicano. Vivió en Argentina así que parece y habla más de por allá. Se le ha liberado más pronto de lo esperado, no por buen comportamiento, aunque sí ha mejorado bastante, si no porque es otro sujeto más de prueba para el proyecto Nebulosa. ¿Has oído hablar del proyecto Nebulosa?
- Nop.
- El nombre es solo una mamada que se le ocurrió al hijo del director del proyecto, pero la idea es sencilla. Se libera a selectos prisioneros antes de lo programado para ver su reintegración a la sociedad. Son secretamente monitoreados todo el tiempo por un oficial. Tan secreto que solo tres personas conocen este monitoreo. El oficial asignado en cuestión. El jefe directo del oficial, en este caso yo y…

La imagen de la pantalla cambia a un señor de sombrero, con mejor apariencia, un bigote y pinta inconfundible de agente gubernamental.

-… Federico Santa Fe, tu nuevo jefe.
- Pensé que tú eras mi jefe.
- Por un tiempo ya no. Federico, o Fefe, como le conocen, es el agente directo del gobierno asignado al caso de Sarabia. Federico me ha pedido que le preste a mi mejor oficial, o sea, tu. Te van a pagar el triple de lo que ganas aquí. A la semana. No más quincenas. Federico te va a dar todo lo que necesites para el trabajo. Estarás encubierto todo el tiempo. Nadie sabrá quién eres ni que haces, solo tú y el. Espiaras a Melchor en todo momento. Cada paso. Cada respiro. Eres un monitor. Eso es lo que harás a partir de ahora.
- ¿En qué momento acepte a todo esto?
- ¿No quieres?
- Si. Me van a pagar el triple. Lo demás no me importa. No suena muy riesgoso.
- Es tan riesgoso como Sarabia quiera que se ponga. Eres mi mejor oficial, y gran amigo. No vas a decepcionarme.
- Procurare no hacerlo.
- Te explico más en el camino. Vamos, te llevare al aeropuerto.
- ¡¿Qué?!

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