viernes, junio 18, 2010

Cine Tijuana

Tijuana es una ciudad de fronteras. Desde las más obvias. Las más trágicas. Las irreverentes, transgresoras y (r)evolutivas hasta las más básicas que toda semi-metrópolis debe hospedar: Las del arte. La ciudad aloja distintas entidades dedicadas a cualquiera de las artes pero la que nos gusta para hacer notar el asunto fronterizo en este texto es el cinema.

Desde años memoriales, Tijuana ha vivido a la sombra, no solo de los EUA, sino de Hollywood, tierra que a estas alturas todos sabemos, es el epicentro del cine internacional. En la era de la prohibición, los clásicos gangsters inmortalizados por el cine, al igual que las grandes celebridades de la época, venían en torrentes a pasar los ratos. Gastar sus fortunas. Vivir la vida de alta permisividad que en Norteamérica les habían vetado. Como siempre, a uno que otro productor, o guionista, se le ocurrió inmortalizar en pantalla la maravillosa vida fronteriza. Películas como In Caliente (Lloyd Bacon, 1935) o Borderline (William A. Seiter, 1950) pueden servir como ejemplos. The Tijuana Story (László Kardos, 1957) es un seudo-documental explotativo que desde el titulo refiere a esa mítica ciudad al otro lado de la línea, donde el alcohol, el sexo, el narco y demás excesos son indetenibles.

Los años venideros trajeron consigo el auge del que me gusta llamar “western moderno”, que realmente no es tan moderno y basa su mayoría en las historias de narcotráfico. En este cine, el abuelo directo del videohome, la frontera viene a servir de escenario para secuencias de contrabando y traición que poco o nada tienen que ver con la Tijuana real, y vienen a perpetuar un estereotipo que extranjeros habían fundado. Locales o foráneas, las visiones de la frontera siempre venían de creadores ajenos a la realidad tijuanense, o por el motivo, bajacaliforniana. A inicios de los setenta se crea Baja Films, una compañía productora enteramente estatal, que hizo posibles varias realizaciones en la región, como Indio (Rodolfo de Anda, 1972) o Peor que los buitres (Abel Salazar, 1974) hasta co-producciones con EUA como Zachariah de 1971, un western psicodélico de culto filmado en Laguna Salada y dirigido por George Englund.

Los ochentas para muchos significaron la muerte del cine mexicano. Se puede argumentar incluso que el VHS significó la muerte para gran parte de la experiencia tradicional del cinema. Todo se fue directo al video, y salvo ciertos realizadores como Isaac Artenstein y su film Break of Dawn, la frontera perdió tu adquiriente terreno en la industria cinematográfica. El giro de fe llego con las universidades e instituciones que utilizaron el video para la realización de documentales que registraran sus investigaciones. Como se antoja inevitable, tuvo que pasar un tiempo para que los mismos estudiantes y académicos cuestionaran la formalidad del nuevo medio y se adentraran a explorar las narrativas de la ficción. A mediados de los noventa nacen colectivos de cine como Bola 8. Uno de sus miembros, Hector Villanueva, realiza Todos los Viernes son Santos (1996), un largometraje que aun hoy sorprende con su ingeniosa fusión de falso documental.

Desde finales de los ochenta se habla de muestras de video en la frontera que exploraron los nacientes trabajos del nuevo medio, pero para el cierre de los años noventa y comienzos del siglo XXI, surgen muestras legendarias como el IAF de Sal Ricalde o festivales como Bordocs y Corto Creativo, sin olvidar las irregulares exhibiciones de trabajos hechas por algún(os) realizador(es) de la región. El cine en Tijuana ya ofrece el suficiente material para auto-representarse en distintos documentales como El cine independiente en Tijuana de Adriana Trujillo hecho en el año 2000 y Séptimo en la frontera de José Paredes del 2008. Los nuevos cine-video-astas empiezan a crear sus productoras independientes, como Galatea Audiovisual, que iniciaron produciendo televisión o 5 y 10 Producciones, quienes ya trabajan directamente con el lenguaje cinematográfico. Para los soñadores que desean incorporarse de manera académica a la realización, la ciudad cuenta con distintos cursos, talleres, diplomados y, hasta recientemente, una licenciatura en cine. Para los que deciden mantenerse al margen de lo institucional y otras formalidades, con hacer un viaje a los EUA y abastecerse de tecnología cada día mas barata, un sin fin de propuestas audiovisuales azotan las pantallas del CECUT, ICBC y demás foros y cineclubes independientes. Las investigaciones universitarias que vieron nacer al video se trasladan a la TV y el cine tijuanense ya indaga en todos los géneros: fantasía, documental, terror, drama, animación, etcétera, etcétera.

Exploraremos más a fondo esta variedad en la segunda parte de este artículo.

Página de facebook complementaria al texto: http://www.facebook.com/CINETIJUANA

- Texto escrito para Tanke Magazine No.1

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