lunes, febrero 22, 2010

CONSTANTEMENTE SUEÑO TIBURONES

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-Parte IV-
  
Llego a la locación acordada. Una vieja bodega abandonada. El cliché del cine. Nomás falta que un hombre vestido de negro salga dentro de una limosina. Escucho un tenue objeto motorizado. Detrás de una esquina dobla una, debo decir, enorme limosina. Se estaciona a un par de metros de mí. No puedo ver nada dentro de los cristales polarizados. Una de las puertas se abre. Un hombre vestido de negro sale de ella y se acerca. Entre al automóvil por favor. Lo están esperando. El dice. Yo temo. Entre al automóvil por…Lo escuché la primera vez, le interrumpo. No parece agradarle para nada. Desabotona su saco. Lento. Revela una pistola enfundada. Yo me niego a subir al móvil. Suba por las buenas o lo hacemos subir por las malas. Me mantengo negado. Mientras su mano se desliza por el aire, demasiado despacio para mi gusto, intentando tomar su arma, yo me lanzo sobre el. No lo pienso dos veces. Ni una sola. Inesperadamente su arma cae al suelo. Yo, siendo más pequeño, llego a ella primero. Le apunto. Otra puerta de la limosina se abre. El miedo me sacude. Mi índice presiona el gatillo. La cabeza del hombre estalla en trozos de cráneo. Yo grito como una colegiala. Un clon del hombre muerto baja del auto, listo para dispararme. Recibe una señal en su pieza auricular. El hombre desaparece su amenaza. Yo corro.

Un par de cuadras más lejos la limosina sigue detrás de mí. Corro y corro como si fuera el único normal en las para-olímpicas. Estoy en la parte de la ciudad que menos conozco. Aunque el auto por alguna razón no conduce veloz, mis All-Star Converse rojos no son competencia. Doblo en un callejón que aparenta no tener salida de emergencia. La limo no cabe. El hombre de negro se estaciona, mal, y me persigue. Como en todas las movies, están esas escaleras de emergencia. Las ensamblo. Las uso para subir. Las desensamblo de nuevo. El hombre me alerta que me detenga. No le hago caso. Me apunta con su arma pero, otra vez, retira la amenaza después de aparentemente recibir una señal en su radio. ¿Me quieren matar o no? ¿Valgo más vivo que muerto? ¿Quieren el maldito dinero? No gracias.

Brincando de techo en techo como un mal aprendiz de parkour. Después de unos edificios, el hombre retoma la persecución a una distancia considerable de mí. Ahora que el esta up, yo debo irme down. Desciendo por la primera abertura que encuentro. Es un ducto de aire que me estrella directo al suelo. Gritos de mujeres. Algo amortigua mi caída. Mi visión esta obstruida por el golpe y trozos de algo. Más gritos de mujeres. Uno de ellos más cercano que los demás. ¿Estas bien? Alguien pregunta. Si lo estoy, creo. Puedes… aun ni terminan la oración y me doy cuenta que estoy encima de una mujer mayor llena de tubos en la cabeza. A simple vista, aterricé en un salón de belleza. Sobre una de las clientas. Las demás han salido corriendo del lugar. Otras permanecen atentas al chisme. Una linda rubia, mucho más joven que el montón me ofrece una mano para levantarme de ahí. Su chaleco tiene bordado su nombre. Sandra. Curiosa casualidad que me regresa un excitante pensamiento a la mente. ¿Estas bien? ¿Qué sucede? Vuelve a preguntar. Yo no le contesto de inmediato. Trato de ubicar la salida. Las señoras me ven con gran miedo. El sudor de mi frente no me permite pensar bien. Dolores en el cuerpo. Cansado. Impaciente por escapar. ¿Qué paso allá arriba? Pregunta por milésima vez. ¿Cuándo? ¿Hoy o hace 2010 años? Entonces un hombre dejó morir a su hijo en la cruz. Hoy  yo trato de escapar de este tipo. Ella se ríe. Me tengo que ir. Pero no se a donde. Y corro otra vez.

En las cuadras consecuentes el peligro parece haberse disipado. Ni trazos de la limosina ni del persecutor. Reduzco mi paso pero no mi urgencia, por si las moscas. Trato de ubicarme en este lado de la ciudad que casi no conozco. Estoy listo para cruzar la calle cuando un coche a toda velocidad se aproxima. Se viene justo encima de mí. ¿Ahora que? Me quito del camino y estoy dispuesto a correr de nuevo. El carro se detiene y la ventanilla se desliza abajo. ¡Sube! Es Sandra. Sandra 2. Me encaramo al automóvil.

–Gracias supongo.
–Un hombre entró al salón. Con un arma. ¿Era el que te perseguía?
–Si. No creo que haya muchos hombres con armas persiguiéndome.
–¿Que hiciste?
–No estoy seguro pero creo que en esta mochila tengo miles de pesos que no me pertenecen.
–¿Robaste?
–No. Me lo dieron.
–¿Alguien te dio miles de pesos nomás por que si?
–Si.
–No te creo.
–¿Por que me ayudas entonces?
–Porque te creo.
–¿Vienen detrás de nosotros?
–Venían, pero ya los perdí.

Así que termino en la casa de Sandra 2. No tengo la menor idea de por que me ha ayudado pero no puedo negarme. Tengo hambre. Comento que tengo hambre en voz alta. Me prepara algo. Es buena. Dejo mi mochila en el comedor. Ella toma la mochila y la abre. Ve el dinero. Puñados enormes de billetes de 500 y 1000 pesos todos revueltos. ¿Seguro que no eres un ladrón? Pregunta temerosa. Te digo que no. Mira. Cuento despacio cincuenta mil pesos. Esto es para ti. ¿Que? Me dice su cara. Es para ti. Así nomás.

–¿Pero por que?
–Una, porque no soy un ratero y dos, esta es la razón por la cual esos hijos de puta quieren matarme.
–Pensé que dijiste que no querían matarte.
–No quieren matarme, pero algo quieren conmigo.
–Entonces ¿No es algo ilógico que me des el dinero? ¿Qué tal si lo piden de vuelta?
–Pues no estará completo. Préstame tu teléfono.

Le llamo a mi querida Sandra 1 para contarle toda la historia. No lo puede creer. Quiere que nos veamos. Le digo que no, que seria peligroso. Pregunta que donde pasare la noche. Veo a Sandra 2 limpiar su cocina. Ella me ve y sonríe amistosamente. Le digo a Sandra 1 que con un amigo. Ella dice que esta OK pero que le llame lo mas temprano posible. Yo le digo que si, que no se preocupe. Colgamos.

–¿De verdad me darás todo ese dinero?
–Si, ¿Por qué no? A nadie le sobra el dinero.
–Pero son cincuenta mil.
–Puedes reparar tu salón de belleza.
–No es mi salón, solo trabajo ahí. Algún día quiero poner el mío.
–Pues ahí tienes la primera inversión. Tengo fe en ti
–Ni me conoces.
–Tengo fe en todos. Por eso me va mal  

Sin comentar nada queda implícito que pasaré la noche ahí. Con Sandra 2. La vida esta cagadamente loca. Sandra 1 no puede salir de mi cabeza, pero Sandra 2 esta empezando a entrar. Me dice que si quiero ver una movie de su colección. Le digo que si. Me dice que si quiero ver una de terror. Le digo que si. Me pregunta que si ya vi Misterios de la sangre en el cine. Le contesto que ya. Fui el miércoles pasado a la función de las 7 y media. Me dice. Debe estar mintiendo. A esa misma hora fue la función que atendí con Sandra 1. Solo hay un cineplex en la maldita ciudad. Todo mundo va ahí no va en absoluto. Coincidimos y nunca lo note, aunque después de todo, no la estaba buscando a ella. Estaba buscando a Sandra… ¿Haz visto Tiburón de Steven Spielberg? Es una de mis movies favoritas. Me pregunta y comenta desde su habitación. Tienes que estar jugando.

Despierto. La película y el sueño se fusionaron en mi subconsciente. Estoy solo en el sillón cubierto bajo una enorme cobija negra con la imagen de un tiburón en blanco. Hay un reloj en la pared que marca pasadas las seis de la mañana. Me levanto despacio y camino hacia la habitación de Sandra 2. El amanecer ya se asoma a través de las persianas. Siento como se filtra la nostalgia. La puerta esta entreabierta y asomo la cabeza. Las cobijas de la cama están sacudidas y se escucha una regadera más al fondo. Continuo. Dentro de la recamara hay un baño completo. Vapor se escapa por debajo de la segunda puerta. Giro la perilla con delicadeza. Se abre. Me asomo. Sandra 2 se esta bañando. Enjabonando su cuerpo. No puedo verla bien pero su silueta se disfruta a través de la cortina. Quiero entrar y entrar, pero lo más probable si lo hago, es que me pida quedarme con las manos quietas. Me retiro. Retomo mi lugar en el sillón y me duermo otra vez.

Despierto. Ya pasan de las nueve. La tele esta prendida en VH1. Un video de los Ramones. Especial del punk rock. Busco a Sandra por toda la casa, en la regadera, en el patio, en el garage y ni una sola señal. Finalmente doy con una nota amarilla pegada en el refrigerador. Me fui al trabajo. Si crees que estas mas seguro aquí, quédate. Si no, fue un placer conocerte. Gracias por el dinero. Espero que en el futuro pases por un manicure a mi salón. Atte. Sandra. Empieza The Clash, Should I stay or should I go? Esta indecisión me molesta. ¿Por que hay una puta parte de mí que no quiere irse? Debo ir por Sandra 1. Tengo que largarme de aquí. Me tomo el tiempo de admirar la casa de Sandra 2 a detalle. Tiburones por todos lados. Figuritas. Pinturas. Una pecera, sin tiburones claro, pero vida marina al fin. En la cochera tiene una lancha. Un viejo arpón. Lo tomo. Lo apunto a la pared. Disparo. Una enorme perforación se queda como recuerdo. Lo retiro y lo preparo de nuevo. Cambio de mochila mi dinero, a una que tiene Sandra 2 guardada por ahí, con forma de tiburón. Me como un emparedado de atún antes de retirarme. Tomo el teléfono. Sandra, ya voy por ti. Me cuelgo la mochila. Me cuelgo el arpón. Tomo el último recuerdo de la casa, una boina blanca con un ancla dorado bordado en el frente. Arranco la nota amarilla del refrigerador y la guardo en mi billetera. Estoy listo para enfrentar al mundo.  

Caminar por la calle levanta cejas. Parezco un insano marinero que se equivocó de destino. Unas cuadras después, un policía me detiene. ¿Cuál parece ser el problema oficial? Por lo visto ando por ahí con un arma. No es un arma, es un arpón, le explico. No entiende razones. Plan B. Le doy cinco mil pesos y me permite continuar con mi rutina. Incluso acepta darme raite hasta Sandra 1. Para servir y proteger.

¿Soy yo o esa limosina nos viene siguiendo desde hace varias calles? Pregunta el oficial Ruiz. Veo por el retrovisor y son malas noticias. Creo que debe… creo que los debe perder, oficial. Y apenas termino de hablar, me doy cuenta de mis tonterías. El oficial, como es su trabajo, se frena. La limosina se frena también. Esperate aquí. Me dice. Yo no puedo esperar pero lo hago. El oficial camina lento al otro vehículo. Ellos deslizan el vidrio abajo. Una pistola con silenciador se posa en la frente del policía y le desparrama los sesos. Mis ojos vuelan al asiento del conductor en la patrulla. Las llaves están colgadas en la ignición. Me cruzo de un brinco. Enciendo el auto. Escapo de ahí. La limosina me persigue. Prendo las sirenas y con ellas la radio también. Black Betty. Me siento como Grand theft auto, o algo así.

Me pongo como loco. Debería dirigirme donde Sandra 1, pero seria de lo mas estupido bajo las condiciones que me acongojan. Acelero a fondo de pedal. La limosina no cede. Otras patrullas se han incorporado a la persecución. Es un todo un desmadre. Sin saber como, me aproximo al puente más importante de la ciudad. El puente que conecta dos villas que separó el destino. Balas hieren mis neumáticos. Abro la puerta para confirmación visual de ello. El auto se sale de mi control. No se si han disparado los hombres de negro o los policías. No tengo el control. Golpeo otros vehículos que me arrancan la puerta. Olvide acomodarme el cinturón de seguridad. Ya de que vale. Por evitar matar a un peatón me vuelco por todos lados. Sobre el puente. Salgo del carro. Vuelo. Caigo. Trailer. Paja. Gallinas. Inconsciente. Adiós.

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