viernes, agosto 01, 2008

EL CINE COMO DETERMINANTE SOCIAL


Si iniciamos este ensayo con una pregunta, ¿Que es el cine? Y dejamos un espacio abierto para responder a una infinita dimensión de posibilidades. Uno notara que ninguna de las respuestas puede estar equivocada, pues vivimos en un mundo de interpretaciones. Cada interpretación proviene de lo que “real” significa para el sujeto cuestionado. Y cada sujeto, que eventualmente conforma una sociedad, se sostiene con las bases que rigen su vida. Bases que provienen de cualquier antecedente vivído y/o presente en desarrollo. También partimos de una premisa que asegura que todos los individuos somos distintos. No hay dos huellas digitales iguales. La naturaleza al servicio de una sociedad que lucha cada vez más por comprobar que somos semejantes cuando se trata de todo lo contrario. Somos tan distintos como películas existen.

¿Por qué utilizar como punto de diferenciación social al cine? Porque en lo que se define a la cinematografía como arte o entretenimiento o un poco de ambas, es innegable su propiedad de “lujo”. Eso quiere decir, el cine, reducido a un producto de consumidor, dista por mucho de una necesidad básica para la vida. Bien se puede afirmar que el cine, o las artes por el motivo, vienen a demostrar que el ser humano requiere de otras cosas, mas allá de estas “necesidades”, para su satisfacción. Queda claro que todos precisamos de agua para vivir pero bien podemos morir sin nunca haber visto Psycho de Hitchcock.

El interés de este ensayo se limita únicamente a resaltar las desigualdades de apreciación por lo que se le conoce como el “séptimo arte”. Ya que culturalmente el cine, en cualquiera de sus acepciones, ha estado presente, al menos a partir del siglo XX, en la evolución, tanto de la humanidad, como de los individuos que la conforman, y como tal, contiene características muy específicas y determinantes. Como ejemplo podemos utilizar las censuras del cine. Las clasificaciones A, B y C. Niños, Adolescentes y Adultos. Cine determinado por edades. Igual podemos hablar de cine determinado por el sexo, la religión, la economía, la educación, la geografía, tanto regional como humana, etc. etc.


Y no solo hablamos de un cine contemplado como industria o un producto prefabricado que cubre las necesidades de un mercado heterogéneo. Incluso el llamado “cine de arte”, que presume de ser aquel desligado a cualquier pretensión de ingresos, navega por un rango bastante amplio de seguidores. No busca lo mismo un adolescente, cineasta en ciernes, en los estantes olvidados del videoclub que un coleccionista empedernido persiguiendo oscuras piezas de culto en un website de Moscú.

También llegamos a un punto bastante importante. La necesidad del cine como realización o meramente espectador. Retomando la idea de tal como industria, hay toda una maquinaria por demás establecida, para la realización de películas. Desde instituciones de gobierno que financian producciones, grandes estudios que echan a andar sus propios proyectos. El más independiente cine de autor que patrocinan amigos y parientes cercanos. Es todo un campo de trabajo constituido, desde lo creativo hasta lo técnico, por escritores, directores y diseñadores de arte hasta iluminadores, operadores e ingenieros. Etcétera. Y por otro lado tenemos toda la entidad de individuos que, como aclaramos con anterioridad, pertenecen a subgrupos que se identifican por el cine que les gusta. Y la profundidad de apreciación también queda delimitada por el background cultural de cada segmento. El cine que disfruta la clase baja, la media o la alta. La animación, por ejemplo, que regularmente es la favorita de los niños hasta el cine porno que por tradición es meramente catalogado para el público adulto.

Profundizando mas en el cine como objeto de expectación. Podemos definir las razones por las que los individuos prefieren algunas películas sobre otras. Desde niños posiblemente crecimos viendo el cine que establecían miembros de nuestra familia. Conforme vamos creciendo empieza aquello que podemos llamar recomendaciones. Las sugerencias hechas por otros sobre cuales películas debemos ver. Ya sea por que se toman en consideración nuestros gustos personales o por que “el otro” gusta de una película, por razones muy particulares, y puede creer que “uno” la disfrutara de similar manera. En esta última categoría entran las reseñas o críticas de cine que podemos encontrar en los medios más comunes de información. Y finalmente podemos incluir aquellas películas que llegan a nosotros sin ninguna o muy poca referencia previa, casi podríamos decir que vienen por accidente e inevitablemente se convierten en parte de nuestro memorial cinematográfico. Todo esto, aunado a las experiencias individuales de los hombres, define el cine que uno preferirá en comparación al otro.

Si incorporamos al asunto el sentido de pertenencia. El cine, en su papel de moda o marcador de tendencias. Ya sea en el estrato comercial y en el de culto, de pronto existen películas que forman parte de la selección “que debes ver”. La película más esperada del verano. La película que redefinió el surrealismo en los 70’s. Uno debe formar parte de la experiencia colectiva de haber visto los mismo que los demás. Que somos parte de ese grupo al cual debemos pertenecer.

Esto último sobre las necesidades de pertenencia puede verse de otras maneras con el auge tecnológico de los tiempos modernos. La piratería por ejemplo, que en términos del Estado si constituye a una violación de lo legal, derechos de autor, prohibición de reproducción, etc., culturalmente, significa muchas otras cosas. El cine (entretenimiento) inaccesible a la economía de un sector de la sociedad ávido a consumirlo ahora puede costearlo. El hacerse de rarezas difícil de conseguir y/o cine extranjero con solo hacer clics o descargar un torrent. Si consideramos al cine como un medio alternativo de educación cultural sobre interpretaciones ajenas de la vida, es tan valido que llegue a cualquier rincón en el que le sea solicitado. Esto es en cuanto al cine en relación con el espectador. El cineasta en ciernes, tiene cada vez mas herramientas tecnológicas que lo pueden orientar hacia la realización. Videocámaras, edición digital, quemadores de DVD, etc. Los sitios de Internet como You Tube o Metacafe, donde uno puede cargarse lo que uno mismo produzca, en cierta forma democratizan la necesidad de contar algo y hacerlo publico. Donde ni siquiera es necesario el conocimiento al tan preservado y por otros odiado, lenguaje cinematográfico. Gente haciendo cosas rechazadas por los puristas y visionarios directores daneses estipulando un Dogma 95 que apenas 10 años mas tarde viene a infiltrarse a Hollywood donde el futuro le apuesta al video. El arte se encuentra al comercio y viceversa.

El cine prácticamente nació como accidente. Lo que se concibió fue un kinetoscopio, un cinematógrafo, un invento meramente tecnológico con la habilidad de registrar imágenes. 24 cuadros por segundo. Fue la gente, los seres humanos, los primeros espectadores quienes le atribuyeron al cine todas sus propiedades mágicas y grandiosas que hoy, más de un siglo después estudiamos y repasamos. Es que hay algo de maravilloso es ese registro de lo “real”. Primero la pintura, luego la imagen fija, ahora la fotografía en movimiento es el documento mas fiel al entorno en que vivimos. Ese lugar tan parecido al mundo de verdad y al mismo tiempo, tan fantástico.

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