viernes, diciembre 07, 2007

CINE Y VIDEO CLUBES EN TIJUANA: Espacios de encuentro y comunicación

La experiencia colectiva del cine, como un medio que transmite ideas, ha existido desde que se hacían las primeras proyecciones de film a cargo de los hermanos Lumière (Francia, 1895), inventores del cinematógrafo y del escenario de cualquier evento fílmico desde entonces hasta la fecha. Dichas exhibiciones de películas, presentadas ante pequeños sectores de la sociedad que podían pagar el importe (un nickel) son un antecedente indirecto al concepto de “cine club”.

Cuando el cine empezó a evolucionar para convertirse en un medio de entretenimiento masivo, rápidamente se volvió una industria muy redituable. En la primera década de los 1900 se empezaron a construir teatros designados especial y únicamente a la exhibición de filmes, dejando atrás las moderadas presentaciones en bares y cafés donde solían llevarse a cabo.

A finales de los años 70 y principios de los 80, la popularidad de los formatos de videocasette Betamax y VHS dependió en parte a la posibilidad que finalmente llegaba al espectador común de poseer una copia de sus películas favoritas a un precio accesible y reproducirla cuantas veces quisiera en la privacidad del hogar. Lo que esta facilidad trajo consigo, aunado a la habilidad del ser humano para transformar la aplicación original de las cosas, fue la exhibición colectiva de las películas en video, tanto en los hogares junto a los amigos y/o familiares, así como la creación inadvertida de los primeros cine (o video) clubes.

De acuerdo al sitio wikipedia.org, un cine club es “una organización independiente ocupada de la proyección, análisis y discusión de productos audiovisuales. Los cine clubes tienen un propósito educativo, al confrontar nuevos públicos a distintos trabajos audiovisuales, por medio de una programación metodológicamente organizada… Dos pasos importantes caracterizan una sesión de cineclub: 1) Comienzan con una presentación o introducción de la película al público asistente y 2) Finalizan con la promoción de un debate o discusión sobre la película, donde los asistentes, organizadores y algunas veces los hacedores de filmes, intercambian puntos de vista.”

EL ORIGEN DEL CINE CLUB EN TIJUANA
En el libro “Imágenes de Plata. El cine en Baja California” de Gabriel Trujillo Muñoz, después de hablar sobre la creación y suspensión del primer cine club en Mexicali, que abarcoó desde 1964 al 69, dice: “…a los amantes del cine de arte no les quedo otra que peregrinar hasta San Diego, a los Ken Cinema, para procurarse la posibilidad de ver buen cine contemporáneo o cintas clásicas. Uno de estos cinéfilos empedernidos, que no podía prescindir de ver buen cine, era un medico-poeta tijuanense de nombre Victor Soto Ferrel.” (sic)

En el libro se menciona que en 1978, Soto Ferrel se presenta en la Filmoteca de la UNAM, donde hace los contactos para volver a la realidad el cine club en Tijuana. Trujillo Muñoz cita en su libro un texto de Gustavo Rubén Torres llamado “La aventura de un cineclub universitario” para Diario 29, donde Soto Ferrel narra: “…Iniciamos en 19 de febrero de 1978 con un ciclo de expresionismo alemán, proyectamos El gabinete del doctor Caligari. Entonces teníamos dos funciones, una a las doce y una a las cinco. …en Tijuana exhibíamos la película que se daba (como préstamo de la UNAM) por 10 días, así teníamos posibilidades de exhibir en el Tecnológico, en la librería (México-Tijuana), en la Casa de la Cultura, la ETI24, el Campestre, en la biblioteca de Rosarito, en fin.”


Trujillo Muñoz hace una afirmación sobre el impulso de Ferrel por la promoción de los cine clubes y su labor de culturización: “Sin Soto Ferrel, los cineclubes universitarios y culturales no hubieran servido de puente de unión entre diversas generaciones de cinéfilos, ni entre el ocaso de los cines comerciales y el publico nuevo que iría apareciendo en los años noventa, ávido de ver buen cine y discutirlo todo” Asimismo comenta que “Compartir una película en una sala oscura va mas allá de la simple contemplación de la cinta, implica un acto de revelación, reflexión y conocimiento y critica a un mismo tiempo.”

LOS ESPACIOS Y SUS OFERTAS
El libro de Gabriel Trujillo Muñoz, además del cine club universitario, menciona brevemente el de la Asociación Cultural Río Rita, que echó a andar en 1987 y finalizó a principio de los noventa. Hoy en la ciudad existen una gran cantidad espacios que fungen como cine clubes, desde instituciones culturales (CECUT, ICBC, Casa de la Cultura), escuelas (UABC, UDC), bares (Sótano de Rita), cafés (Revolver, Casa de la 9, Latitud 32), entre otros. El programador de ciclos en Cine Café Revólver, Julio Pillado (encargado también de las proyecciones en el Centro Cultural Tijuana), comentó: “Me da gusto que no solo los cine clubes aumenten, sino ver que el entusiasmo de la gente es mucho más notorio que en años pasados. Pienso que es bueno que se esté creando una ‘escena’ de cine clubes en Tijuana. Estos espacios son necesarios en un mundo que demanda cada vez más y mejores propuestas y contenidos en cuanto al séptimo arte se refiere. A veces se batalla con la ubicación, la calidad del sonido o la imagen, los horarios, pero creo que es suficientemente bueno poder encontrar aunque sea un cuartito que te ofrezca un factor mucho más importante: su tiempo.”

Los grupos sociales que asisten al cine club, así como sus necesidades se ven satisfechas con lo que estos espacios ofrecen a su audiencia. Como dice Abraham Ávila, comunicólogo y catedrático de materias sobre medios audiovisuales: “Promueven, en primera, que se formen grupos sociales con intereses comunes. Y esto es importante porque la experiencia grupal ayuda a los individuos a concretar necesidades sociales.” Pillado confirma: “Me interesa crear una escuela y una excitación con nuevas propuestas para la gente que no está acostumbrada a ver este tipo de cine. Me interesa que la gente que va al cine club este consciente de que hay más que Michael Bay o Vin Diesel allá afuera”. Oscar Bejarano, organizador principal del cine club de la Facultad de Ciencias Químicas e Ingeniería de la UABC concluye en tres palabras: “Conocimiento, reflexión y entretenimiento.”

REPERCUSIONES Y EL FUTURO
En el cine club pueden darse situaciones como las que describen Ávila: “Que los realizadores en ciernes puedan entablar un diálogo directo a partir de un producto específico.” Después añade: “Se necesita que los espacios se abran aun más a las necesidades locales”.

Con el avance del tiempo, algunos cine clubes han ampliado la gama de ofertas en sus proyecciones. Ya no solo muestran producciones clásicas de culto, contemporáneas extranjeras o censuradas por aulas comerciales; sino que ahora también se dedican a promover al movimiento independiente de cine y video de Tijuana, programando cortometrajes u otro tipo de producciones audiovisuales realizadas por gente y recursos locales.

Los “realizadores en ciernes”, cuando asisten al cine club, se exponen a productos que pasan a ser parte de su bagaje cultural, el cual, de muchas maneras posibles, se refleja en los proyectos que realizan y eventualmente terminan exhibiendo en esos cine clubes de la ciudad que alguna vez visitaron solo como espectadores. Se puede decir que se consuma un ciclo.


En el futuro, con las nuevas tecnologías y el fácil acceso a productos globales, se amplían las posibilidades que ofrece el concepto de cine club. Se puede hablar de la exhibición de los filmes en línea y la interactividad de los usuarios mediante un foro de discusión o un chat instantáneo. Estos nuevos formatos aun no consiguen la popularidad necesaria alrededor del mundo, y aunque hay sitios realizando cosas similares como freemoviescinema.com y videolemon.com o los ya conocidos youtube.com y video.google.com, aun falta camino por asirse.

1 comentario:

  1. tu artículo me recuerda mi viaje a Tijuana. ahora esos eran buenos tiempos.

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