lunes, noviembre 05, 2007

MONSTERS FROM MARS

@ Cine Café Revolver, Tijuana (02/11/07)
En el Cine Café es muy común encontrarse a alguien que conoces. Ya sea a un bartender que ves todos los días, o a la dueña del local que de vez en vez viene arrasando. Los chavos que tocan en bandas de pop, punk y rockabilly. Y quizás, si tienes suerte, a un viejo amigo de la preparatoria. A mi me ha sucedido con tres. Mariel, Carlos y Tamara. Lo lamentable, si puede llamársele de esa forma, es que son de esas veces en las que quedamos de vernos en otra ocasión. La otra ocasión que nunca llega, y realmente, no me importa.

Luego esta la cartelera. Regularmente es buena, otras tantas no tanto. La selección de las películas tiene que ver mas con la elección del personaje que las programa, y no la mía (obviamente) por lo cual, es raro que yo llegue a alcanzar la satisfaction. Un par de ciclos que han corrido por mi cuenta acarrean a las masas. Podría explicar por que, pero prefiero no, así tengo mas espacio para meterme con mi tema.

El primer viernes de noviembre, el numero dos, el día de muertos, llegamos (al menos yo) con las alarmas en alto. Esa mañana desperté desde un sueño semi-lucido. Buena noche, mala apertura focal. Deduciendo lo que significó toda esa aventura en mi cabeza, me habían pegado las nueve y feria de la noche. El Café abarrotado, fuera de excesivo merito, pues no es muy difícil que suceda, se prepara con las eventualidades de la fiesta. Nosotros, sentados en las incomodas bancas, platicamos de varias cosas que carecerían de importancia una vez pasada la media noche. El grupo de Jazz abandona el escenario montado a la mitad del callejón adyacente al cafecito. “Aquí vienen los Monsters” escucho a Julio decir. And everybody hits the street.

Estos cuatro muchachos (tres y una chava) rubios y desconcertados toman su tiempo para dejar atrás las pende***** y enseñarnos como se toca en un recital de garage-surf-punk. No puedo apartar mis ojos de la tecladista, cuyo nombre nunca conocí, y hasta la fecha la relato como la “Chica del Farfisa” En un acto de puños en la cara, el horrible y estruendoso, imposible de digerir, rugir de las guitarras eléctricas en reverb y su vanaglorioso tremolo nos cogen de las entrañas. El público furioso hesita una dupla de minutos entre abandonar la tocada o entregarse a la banda. El ruido desbarajusta los tímpanos. La mayoría se resiste a partir, se acostumbra al noise y empieza a bailotear.

En el highlight de la sesión, la chava con más actitud de la noche, la “del farfisa” se me acerca con un pandero en una mano y con la otra me invita a bailar. Pensando sobre ello, no es tanto una invitación, es mas como un compromiso. Físico y moral (o al menos ese es mi pretexto) En este punto, ya no estoy en mis casillas. Por allá esta la cámara grabando mis absurdos. En un parpadeo la gente tras de mi se alborota. Se sacuden los mohicanos. Chascan los cueros con estoperolazos. La muchacha regresa a su instrumento. Yo me quedo pleno pero alborotado. Janet, la chica de la larga y rubia peluca hippie ocupa su lugar. No se cuando han terminado de asustar los monstruos. De inmediato entran las cumbias del pinchadiscos, que dicen, kinda se parece a mí. Les aplaudimos a los marcianos. Ellos se congratulan un bit. Corren a su camioneta para exponer e iniciar la venta de su merca. La tecladista administra, yo me acero y le sonrió, como que se acuerda del yo de hace unos segundos. Les compro un vinilo 33 y medio de 7 pulgadas y un botón (el que seguramente me verán portar por un buen de semanas)
FIN

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